El ilustrador de “Imagina animales”, Juan Vidaurre, visitó no hace mucho la Biblioteca Hans Christian Andersen, de Mejorada del Campo (Madrid), para compartir con alumnos de Educación Infantil y Primaria su experiencia en la creación de un álbum ilustrado. Porque, hasta que el libro llega a los lectores, hay un largo camino en el que se cruzan muchas personas y muchas ideas: autor, ilustrador, editorial, corrección, diseño, imprenta…
———————
O ilustrador de “Imaxina animais”, Juan Vidaurre, visitou non hai moito a Biblioteca Hans Christian Andersen, de Mejorada del Campo (Madrid), para compartir con alumnos de Educación Infantil e Primaria a súa experiencia na creación dun álbum ilustrado. Porque, ata que o libro chega aos lectores, hai un moi longo camiño no que se cruzan moitas persoas e moitas ideas: autor, ilustrador, editorial, corrección, deseño, prelo…
Las bibliotecarias Susana, Raquel y Esther, junto con la profesora Mª Ángeles, acompañaron a los escolares en su encuentro con Juan Vidaurre. Su cercanía con el público infantil y su naturalidad hicieron que la jornada transcurriera amena y divertida. No podían imaginar los asistentes que de una bombilla, un zapato, una cremallera o unas tenazas pudieran surgir criaturas tan sorprendentes.
El juego les cautivó: a partir de las imágenes y de la decripción del bicho, tenían que proponer nombres que encajaran con las cualidades y el aspecto del animal imaginario. Las manos alzadas, las miradas curiosas y las voces espontáneas no cesaron en toda la sesión. Así fueron conociendo el “metrocol”, el “fregulpo”, el “abrenoches”… Y a partir de estos raros especímenes, es muy probable que en los parques de Mejorada, en los hogares, en el colegio, y hasta en la mismísima biblioteca, se cuelen otros visitantes no menos exóticos, creados por la fantasía de Vidaurre y sus nuevos compinches.
——————————–
As bibliotecarias Susana, Raquel e Esther, xunto coa profesora Mª Ángeles, acompañaron os escolares no seu encontro con Juan Vidaurre. A súa cercanía co público infantil e a súa naturalidade fixeron que a xornada transcorrera amena e divertida. Non podían albiscar os asistentes que dunha lámpada, un zapato, unha cremalleira ou unhas tenaces puideran xurdir criaturas tan sorprendentes.
El xogo cativounos: a partir das imaxes e da decrición do becho, tiñan que propór nomes que encaixaran coas cualidades e co aspecto do animal imaxinario. As mans alzadas, as olladas curiosas e as voces espontáneas non cesaron en toda a sesión. Así foron coñecendo o “metrocol”, o “frepolbo”, o “abrenoites”… E a partir destes raros especimes, é moi probable que nos parques de Mejorada, nos fogares, na escola, e mesmo na mesmísima biblioteca, se coen outros visitantes non menos exóticos, creados pola fantasía de Vidaurre e dos seus novos compinches.












