La presentación de “El pastor de nubes” en la Biblioteca Pública Miguel Hernández de Villena reunió a muchos lectores, pequeños y mayores, para acompañar a Pedro Villar en su ciudad, dando a conocer la historia de Nino y la fascinación de este entrañable personaje por las palabras. Le acompañaban el ilustrador del libro, Miguel Ángel Díez, la directora de la Biblioteca de Cocentaina y creadora del blog Bibliopoemes, María Dolors Insa, la concejal de Cultura de Villena, Isabel Micó, y Cesáreo Martín, de Kalandraka.

Pocas veces se tiene la oportunidad de llegar más allá de la lectura de un libro, de conocer qué hay detrás de ese relato entre lo imaginario y lo real. Pedro Villar compartió con el público sus sueños, sus anhelos y sus inquietudes -quizás no tanto como escritor, sino como persona- en esta quinta obra infantil de su trayectoria literaria.

Leer me reconcilia con la vida. Concibo la literatura como un espacio de libertad donde los deseos y los sueños son todavía posibles; y confieso que escribo para recomponerme, para encontrarme, para responder a preguntas que no tienen respuesta, para no sentir el frío de la noche, para vivir las historias que sueño o me sueñan.

Publicar un libro en los tiempos que corren es un milagro, pero sabed que en momentos de crisis la palabra se hace más necesaria que nunca; la literatura en esta sociedad enfermiza que nos ha tocado vivir nos descubre la capacidad del ser humano para fabular, para vivir otras vidas, para sentir que otros mundos, otras realidades, son posibles por la magia de la lectura. La fantasía, la imaginación nos hace más creativos, más solidarios, más humanos… porque nos pone en la piel del otro.

Los libros no nos hacen mejores ni peores, pero nos ayudan a ver la vida de otra manera, a replantearnos el mundo que nos ha tocado vivir. Este libro quiere poner alas al corazón, reivindica para el ser humano la capacidad para el asombro y la emoción en una sociedad cada vez más deshumanizada. Cuando la realidad se vuelve hostil y áspera, la lectura, la escritura, se convierten en el último paraíso.

Una biblioteca es el mejor espacio posible para presentar un libro. Decía Borges: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”. Aquí conocí en los libros las palabras de Luis Mateo Díez, Luis Landero, Eduardo Galeano, Luis Cernuda, Miguel Hernández, Lorca, Cervantes y tantas otras que me han ido conformando como lector y escritor porque, en definitiv,a somos lo que leemos, y nada se crea, nada se escribe, de la nada.

En ese inicio de la escritura ya se agolpan el eco de nuestras lecturas, lo vivido, lo escuchado o lo sentido a través de la experiencia. Este libro lleva ecos de muchos otros, el susurro y la defensa de la tradición oral, palabras que el viento arrastra y rumores escuchados en lugares diversos.

Las primeras palabras, los primeros cuentos que escuché aún sin tener conciencia de ello, fueron los de mi abuelo Pedro; y las canciones que escuchaba a mi madre mientras trabajaba y que años más tarde pude comprobar que recogían la tradición oral de los cancioneros populares.

“El pastor de nubes” es una defensa de las emociones y de los sueños; una historia que lleva las hojas del árbol de la memoria y la palabra como el don más preciado que podemos poseer y entregar. Es para mí una historia perseguida, deseada con tesón y constancia, que ha crecido lentamente a lo largo del tiempo. Es una fábula sobre el crecimiento emocional, el aprendizaje, la tolerancia, un homenaje a los contadores que dejaron su voz y su huella en cada pueblo, en cada plaza; a los sueños personales y a la palabra generadora de esos sueños.

Pedro Villar (profesor, escritor y autor del blog Cuaderno de apuntes)


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