“Me inspiró un amigo al contarme una anécdota que le sucedió con su hija: la niña construyó una casa debajo de la mesa del salón y le pidió a su padre que entrase a jugar con ella. Mi amigo mide más de 1’90, así que le contestó que lo sentía mucho, pero que no cabía. La niña le respondió con total naturalidad: Tranquilo papá, ya cabrás cuando seas pequeño“.

De una situación tan sorprendente y divertida surge la chispa creativa que ha motivado la publicación de “Cuando os hagáis pequeños”, un texto de Uxue Alberdi ilustrado por Aitziber Akerreta. En vez de contar cómo será el mundo que se encuentren los niños y niñas cuando se hagan mayores, este relato invierte el papel de los narradores y sus destinatarios. Un álbum que también se dirige a los adultos y cuenta, desde la perspectiva infantil, qué mundo se encontrarían los mayores en el hipotético caso de que se alterase el ritmo vital. En el siguiente reportaje, las autoras comparten con los lectores algunas claves de esta obra que desprende ternura y picardía. Uxue Alberdi y Aitziber Akerreta presentarán “Cuando os hagáis pequeños” este miércoles 20 de marzo en la Biblioteca Central de San Sebastián (calle San Jerónimo), a partir de las 11:30 horas.


Mientras los mayores viven obsesionados con trabajar y ocupan su tiempo haciendo planes de futuro, plegándose al cumplimiento de tantas convenciones sociales, o discutiendo entre sí, los niños prefieren recoger moras, saltar en los charcos, jugar a ser personajes fantásticos o escuchar las historias de los abuelos. Así de abismal es la distancia entre ambos mundos y así lo han reflejado las autoras, describiendo actitudes y comportamientos antagónicos.

“Se me ocurrieron varios contrastes entre estos mundo que parecen irreconciliables y me di cuenta de que en la mayoría de los casos la imposibilidad de empequeñecer se debe a la idea que tenemos de lo que es ser adulto, explica la periodista, escritora, traductora y bertsolari Uxue Alberdi (Elgoibar, Gipuzkoa, 1984).

“En el caso de mi amigo y su hija, la dificultad era física; pero en la mayoría de las ocasiones somos nosotros mismos, los adultos, quienes nos privamos de los placeres propios de la infancia: se nos olvida que también nosotros podemos recoger moras, crear mundos imaginarios, experimentar, jugar, mojarnos, ensuciarnos, tocarnos, desnudarnos…”. La autora pretende “hacer reflexionar a los adultos sobre la idea misma de ser adultos, que no tiene porque ser una realidad gris, seria, responsable hasta el aburrimiento”. La maternidad ha ayudado a Uxue a “recuperar muchos de esos placeres” y a reflexionar sobre la idea de que “los adultos creemos que somos nosotros quienes le explicamos la realidad a los niños, pero me pregunto hasta qué punto la cuestión es a la inversa: los niños no paran de contarnos el cuento de sus vidas… ¡y de las nuestras!”.

Esa dualidad se plasma de una manera muy evidente en aspectos como el uso simbólico del color y del blanco/negro en las ilustraciones de Aitziber Akerreta (Pamplona, 1979), licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco: “A la hora de dibujar y, sobre todo, de representar gráficamente ciertas sensaciones, el determinado uso del color es una herramienta muy potente y de gran valor sensorial”, explica la ilustradora. “Un personaje en blanco y negro nos habla de una determinada personalidad, de alguien sin ilusión, serio y aburrido, mientras que un personaje en color nos habla de una actitud positiva y alegre ante la vida. En este caso, decidí utilizar este recurso para marcar claramente la diferencia entre el mundo gris, aburrido y lleno de responsabilidades de los adultos, y el mundo colorido de los niños, donde el juego, la diversión y la ilusión tienen una gran importancia. En un simple golpe de vista y sin tan siquiera leer el texto, el color visualmente marca una clara diferencia entre esos dos mundos que conviven, pero que no comparten una misma manera de sentir y funcionar”.

“Cuando os hagáis pequeños” anima a los niños a no dejar de serlo, y a los mayores a recuperar -porque es posible- la inocencia y la espontaneidad que han dejado atrás. Por eso cabe plantearse dónde está esa frontera entre el mundo de los mayores y el de los niños; si acaso el ritmo al que evoluciona la sociedad actual acelera la pérdida de la inocencia y la frescura que caracteriza el periodo de la niñez. Uxue Alberdi se decanta por esta posibilidad: “La sociedad occidental actual no toma en cuenta ni a los niños, ni a los jóvenes, ni a los ancianos. Su palabra, sus sentimientos, sus opiniones… cuentan muy poco. Parece que la única etapa que merece ser tomada en cuenta es la edad adulta. Esta triste realidad está estrechamente relacionada con la sociedad de consumo en la que vivimos. Produzco luego existo. Por eso reivindico más el siento, luego existo, o mejor aún: existo, luego siento y lo cuento.

Precisamente, las personas mayores de edad avanzada desempeñan un papel importante en este libro. Ese homenaje a los abuelos y abuelas se proyecta a través de varios mensajes: por una parte, que poseen una empatía especial con los más pequeños y que, además, pertenecen a una época en la que el estilo de vida era más reposado, un tiempo en que la palabra y la oralidad tenían una importancia que hoy se ha perdido con la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación.

“Normalmente, los abuelos y los niños se llevan muy bien; muchos abuelos se permiten actitudes y maneras de relacionarse con los nietos que no se permitieron cuando eran padres”, señala Uxue Alberdi. “En mi novela El juego de las sillas profundicé en el mundo de los ancianos; me parece una etapa vital muy interesante: los ancianos son poderosos, al igual que los niños, porque son de alguna manera impredecibles e incontrolables. Y eso lo lleva muy mal nuestra sociedad. Por otra parte, me acordaba de las abuelas como transmisoras de la historia, la tradición, la mitología, la oralidad, los cuentos… Transmisoras de tanta sabiduría y con tan poco reconocimiento”.

Esa complicidad entre pequeños y ancianos se lleva también al terreno de la ilustración, en un intento por “recordarnos que ese niño que fuimos aún sigue ahí”, expone Aitziber Akerreta, tratando de transmitir con su obra que tengamos “una actitud positiva y divertida ante la vida”. Por eso no todos los adultos del álbum son grises: “Una señora en el tren tiene las mejillas sonrosadas y la abuela que pasea por el bosque también es de colores; es un giño y una manera de decir que, si uno quiere, siempre puede ser pequeño. Algo que nunca se debe olvidar”, añade la ilustradora.

“A los niños no hace falta recordarles nada, un niño sabe como ser niño”, argumenta Uxue Alberdi. La escritora cree que “el problema está en la idea que les transmitimos sobre ser adultos. Esta sociedad está en contra del placer. Deberíamos preguntarnos por qué, al hacernos adultos, le quitamos importancia a las relaciones humanas, al humor, a la tranquilidad, al vivir el momento, a descansar, a reír, a jugar, a imaginar, a hacer lo que nos gusta… Parece una idea hippie, pero no lo es, es una idea básica si queremos acercarnos a la felicidad”.

Para reforzar el mensaje literario y complementar el texto, Aitziber Akerreta ha desarrollado un completo trabajo de ambientación en cada página del álbum. Ese ritmo de vida vertiginoso de los adultos, tan carente de comunicación, se muestra con personajes que portan maletines, que consultan la hora de camino al trabajo, que leen o revisan el teléfono móvil incluso mientras comen.

“Además del uso del color, la actitud de cada uno de los personajes refuerza el mensaje que se repite una y otra vez a lo largo de la historia: esas dos visiones tan diferentes de un mismo mundo, adulto e infantil. En cuanto a los mayores, su actitud produce cierta melancolía en los lectores adultos, puesto que éstos reflexionan sobre sensaciones conocidas, que han dejado atrás, para sumergirse en un mundo aburrido y gris, en el que no tenemos tiempo para jugar, dibujar, o pasear por el bosque. Por otra parte, los niños se ven reflejados cuando aparecen disfrutando y divirtiéndose en situaciones cotidianas. De esta manera, la historia trabaja en ambas direcciones: mientras los adultos se sienten identificados en ciertos aspectos, los niños lo hacen en otros. Lo más bonito de todo es que cada lector hace una determinada lectura del cuento, por lo que es un libro pensado para todo el mundo”.

Cabe destacar también el encanto de las ilustraciones vinculadas al bosque y al río como espacios de juego, aventura y misterio para los niños, frente a la indiferencia de algunos mayores hacia esos espacios abiertos. Para Aitziber Akerreta, la relación de los adultos y los niños con todo cuando nos rodea -animales, objetos, lugares- es “totalmente distinta” y, en el caso de la naturaleza, esa distancia en la percepción se incrementa de una manera “muy clara”. Y para justificar su argumento evoca su propia infancia:

“Recuerdo cuando de pequeñas íbamos a pasar el día al campo y veía a los mayores todo el rato sentados, jugando a las cartas y preparando cosas para comer sin parar, mientras que los niños íbamos de un lado a otro, caminábamos kilómetros para ir a coger renacuajos, meterlos en botes y después volverlos a soltar. O cuando nos escapábamos -bajo la total prohibición de nuestros padres- para correr y escondernos en los trigales. Después de comer esperábamos con impaciencia a oír la bocina del heladero, para ir deprisa y que no se escapase. Luego íbamos al riachuelo y metíamos los pies en el agua helada. Cuando empezaba a llover, volvíamos corriendo desde dónde estuviéramos, riéndonos bajo la lluvia, disfrutando por empaparnos. Al llegar a dónde estaban los padres, su única preocupación era regañarnos por el catarro que íbamos a coger o decirnos que no nos fuéramos tan lejos. Todas estas situaciones creaban entre nosotros una complicidad y una sensación de libertad. Y además son emociones y recuerdos que aún perduran ahora que somos adultos. Nuestros padres, no llegaron a conocer ninguno de estos lugares”.

Al lenguaje poético del texto se une que las ilustraciones están elaboradas con la técnica del grafito y los lápices de colores, tan manejados por los niños y niñas en sus tareas escolares y sus momentos de ocio: “Decidí utilizar el carboncillo para crear los espacios de una manera muy sencilla, porque es un material que sugiere una atmosfera suave y neutra, a la vez que sitúa a los personajes en un ambiente relajado y familiar para el lector. Es perfectamente compatible con el grafito y los lápices de colores; el resultado es muy similar. Creo que estos materiales dan como resultado una estética muy sencilla y cercana, muy acorde con la historia”.

Hay muchas escenas y personajes reales dibujados en las páginas de este álbum. “En ocasiones, cuando necesitaba caracterizar a un personaje, pensaba en alguien conocido y me lo imaginaba exactamente en esa situación”, nos cuenta Aitziber Akerrera. “Otras veces, cuando hablaba del proyecto con mis amigos -en esos pocos momentos que intentaba salir a tomar el aire y que no paraba de hablar del libro-, me contaban que de pequeños ellos hacían esto o aquello. Después iba a casa ¡y lo dibujaba inmediatamente!”.

“Cuando os hagáis pequeños” es una obra repleta de anécdotas y momentos verídicos en la vida de las autoras; un factor que ha contribuído a construir lo que la ilustradora denomina una “realidad colectiva, que tan conocida se le hace al lector adulto y le permite viajar con su imaginación para recordar esas sensaciones de cuando era niño”.

“¿Quién no se ha atado la bata del cole al cuello y se ha sentido Superman? ¿Quién no ha disfrutado saltando en los charcos? ¿O quién no se ha quedado a jugar en el patio del cole, comiéndose el bocata de chorizo que su madre le ha llevado? Ha sido divertido y bonito contarle a la gente que determinado personaje del libro es el o ella.



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