"Las pescadoras": Xosé Ballesteros & Nadia Menotti (Kalandraka, 2017).

 

Había una vez tres mujeres que desde muy jóvenes trabajaban en el mar. Una recogía algas, otra mariscaba y la tercera pescaba desde su pequeña embarcación. Cada día, se acercaban a la playa y allí pasaban la jornada, faenando sobre el agua y la arena, bajo los ardientes rayos del sol…

 

Las pescadoras” es una adaptación de un cuento tradicional de la India que destaca por su poder evocador de los sentidos a través de la descripción de lugares, sonidos, aromas… Llama la atención la hermosa y delicada propuesta plástica elaborada por Nadia Menotti, a base de minuciosas escenografías con pequeñas figuras: personajes, objetos y aderezos elaborados con madera, cartón, alambre o elementos textiles, entre otros materiales.

Las protagonistas son sorprendidas por una fuerte tormenta y encuentran cobijo en la casa de una hospitalaria florista. Allí descubren que, ante el intenso olor a flores de la habitación donde esta les ofrece reposo, prefieren descansar oliendo a redes, peces, algas y salitre.

Así, el relato plantea el concepto de lo relativo: ¿qué huele mejor, las flores o el pescado? Expone también el carácter subjetivo de determinadas convenciones, costumbres o usos culturales. Además, alude a situaciones que tienen que ver con el esfuerzo en el trabajo, la solidaridad ante las adversidades o la capacidad creativa de las personas para solucionar los problemas que surgen.

Nadia Menotti nos atiende desde Buenos Aires, ciudad en la que nació y donde ha estudiado Diseño Gráfico, ampliando su formación con talleres de ilustración en Argentina y Europa. Ha impartido clases de Diseño y Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y actualmente realiza un trabajo de investigación sobre “Tipografía y lectura en condiciones de dislexia”. En su faceta creativa, ha producido obra fotográfica, instalaciones y exposiciones. Como ilustradora, ha sido seleccionada para la I Bienal Nacional de Diseño de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA y el Salón de Honor de la Legislatura Porteña. Por “Las pescadoras” ha recibido una mención del VII Premio Internacional Compostela de Álbum Ilustrado.

Nadia Menotti, ilustradora de "Las pescadoras" (Kalandraka, 2017).

[Fotografía de la autora: Ana Guzik]

 

«La curiosidad y el juego son mis aliados

en cada proyecto»

 

KALANDRAKA: ¿Cómo surgió el proyecto de creación de “Las pescadoras” como álbum ilustrado?

NADIA MENOTTI: En 2012 me encontraba culminando mi formación de grado como diseñadora gráfica en la Universidad de Buenos Aires. Dentro de la currícula hay materias obligatorias y otras optativas, así que habiendo completado las primeras, solo quedaban algunas electivas para graduarme. Elegí cursar “Ilustración” en la Cátedra de Daniel Roldán y allí me enfrenté a la dificultad de hacer mi primer libro-álbum ilustrado. Aún no conocía mi técnica, que surgió de la exploración para dar respuesta a este tipo de libros que fusionan texto e imagen de manera inseparable. El texto llegó a mis manos a través de uno de mis profesores, Gastón Caba, que al igual que el resto de los docentes de la cátedra, seleccionan los textos cuidadosamente para cada estudiante. A partir de ese momento “Las pescadoras” comenzó a tomar forma. Una mañana, muy temprano, aparecí en el taller con la idea de ilustrar con muñecos: tenía algunos bocetos de las pescadoras, pequeños objetos a medio armar, algunas fotografías bien intencionadas pero no muy bien logradas, y mucho entusiasmo. Desde un primer momento alentaron la propuesta y recomendaron nuevas búsquedas. Aún conservo una pequeña nota de mi profesor al finalizar el curso, en la que decía: “Nadia, ¡no paraste de trabajar e investigar! Tomaste de manera positiva todas las devoluciones. Los personajes tienen vida y se genera una atmósfera. El proyecto está muy bien encaminado. Seguí investigando la fotografía de los objetos para hacer crecer tu trabajo”.

– ¿Qué supone que un proyecto académico se haya convertido en una obra publicada y a disposición de los lectores en las librerías?

– Al finalizar aquel taller había elaborado la primera maqueta del libro, que dista bastante de la que ahora llega a las librerías; pero esa propuesta estaba el espíritu del proyecto. En su momento había investigado sobre el origen del cuento y busqué minuciosamente cuáles podían ser los elementos que sirvieran para representar la historia. Un año más tarde, casi sin pensar en el proyecto, visité la India… Al regresar, lo retomé y lo terminé. Por eso, cuando digo que esta obra se inició cuando yo aún no sabía que podía ilustrar, de alguna forma me refiero a todo este camino y estas búsquedas.

-Además de “Las pescadoras”, ¿qué otras incursiones habías hecho en el terreno de la ilustración y del álbum ilustrado?

– “Las pescadoras” es mi primer libro publicado. Después de este trabajo vino una serie de ilustraciones titulada “Mañanas de Oh, Toño & Rulfo” para Mancha de Tinta, que es un sello argentino que se propuso rescatar el artesanado en la era digital poniendo en valor las prácticas de la impresión y la encuadernación artesanal. Nos pidieron a ocho artistas que hiciésemos una ilustración que utilizarían para las sobrecubiertas de una edición limitada de pequeños cuadernos confeccionados con papeles seleccionados y cosidos a mano. Cada ilustrador recibió la consigna de plasmar un momento del día en una estación del año; así fue que Toño y su pequeño perro Rulfo son los personajes que ilustraron “una mañana de otoño”. Cada vez que hago una propuesta es imposible para mí hacer solo una ilustración, porque los muñecos existen y los personajes viven en cada historia que armo en mi cabeza para encontrar la mejor forma de representarla. Juego con ellos y en ese momento es cuando encuentran su propia expresión. De mis “Mañanas de Oh, Toño & Rulfo”, Mancha de Tinta solo utilizó una de aquellas imágenes y el resto han visitado muestras y exposiciones. Unas veces de manera individual; otras acompañadas de los muñecos y los objetos. Esta serie aún aguarda un texto que acompañe y complete la historia.

«Amo tocar las cosas, disponerlas en el espacio, buscar la luz adecuada, la ubicación precisa y que ellas por sí solas se expresen»

– En cuanto a la técnica elegida para crear las ilustraciones de “Las pescadoras”, con esas escenografías en miniatura, ¿se remiten a algún referente artístico, del estilo del art box?

– Una vez escuché a Isidro Ferrer decir que “el trabajo es el resultado entre las intenciones y las limitaciones”. Así empecé y fui encontrando una manera de expresarme. Cuando ya estaba jugando y había perdido la noción del tiempo, apareció la técnica. Veo las escenas antes que los objetos existan, sé bien dónde estará ubicado cada uno, veo cada pequeño detalle en ellos y no solo un encuadre. La técnica, podría decirse, es a la vez el resultado de la experimentación y la herramienta que mejor sirve a mis intenciones para mostrar aquello que veo. Amo tocar las cosas, disponerlas en el espacio, buscar la luz adecuada, la ubicación precisa y que ellas por sí solas se expresen. Constantemente estoy buscando nuevas formas de expresarme; rindo homenaje a cada artista que mi mirada ha visitado. Transito e investigo distintas técnicas hasta que encuentro cómo incorporarlas a mi propio universo. El paper cutting, el art box, la maquetación, los dioramas, la escenografía… todas ellas aparecen en cada elección que hago, en cada decisión que tomo. Nutren mis búsquedas conceptualmente, son la materia prima en la construcción de un sentido y no solo de la identidad de las ilustraciones, sino también de mi propia identidad como ilustradora. Mi abuelo paterno era carpintero. Con frecuencia visito alguno de los antiguos cuadernos ilustrados por mi madre con los que él daba clases; se podría decir que, en algún punto, esta técnica- que se nutre de tantas otras- es autobiográfica, cargada de un sentido familiar. Y sin lugar a dudas, quien más ha influenciado mis búsquedas es Isidro Ferrer.

"Las pescadoras": Xosé Ballesteros & Nadia Menotti (Kalandraka, 2017).

– Como en este caso no se ha dado el síndrome del ‘lienzo en blanco’, puesto que no son ilustraciones al uso, ¿cómo ha surgido el big-bang creativo desde el punto de vista de los materiales?

– La curiosidad y el juego son mis aliados en cada proyecto que encaro. Pienso casi obsesivamente los elementos, busco un discurso a partir de ellos y los dejo madurar. Cada objeto que aparece componiendo las ilustraciones existió y existe materialmente: el pequeño perro, las tinajas, las casitas, los barcos, las pescadoras… y así fue que cada uno de ellos apareció con la única intención de poder contar aquella simple historia. Me gusta pensar que son objetos “criados”, en los que trabajé cada detalle. Imaginé qué personalidad tendría cada pescadora; cómo sería cada pollera; cómo serían las estampas de las telas de las blusas, el color del pelo, la actitud de las manos, incluso el hecho de que las muñecas no tuvieran rostro.

«La literatura, el arte, el diseño, la ilustración, la tipografía, la arquitectura… todas ellas puestas al servicio de la ilustración, favorecen el desarrollo de la competencia literaria, el goce estético y la sensibilidad. Se proponen despertar la fascinación por la lectura»

-¿Cómo están hechas las figuras, qué herramientas has utilizado para manipular maderas, telas, alambres… y cómo de laborioso ha sido el proceso?

– Este tipo de libros conforma un sinfín de mundos posibles, donde tiene lugar la multidisciplina: la literatura, el arte, el diseño, la ilustración, la tipografía, la arquitectura… y en su conjunción, todas ellas puestas al servicio de la ilustración, favorecen el desarrollo de la competencia literaria, el goce estético y la sensibilidad. Se proponen despertar la fascinación por la lectura. En el caso de “Las Pescadoras”, trabajé en darles identidad dado que, si bien podían estar hechas de la misma madera, cada una tenía características únicas. Siguiendo esta premisa, tallé cada figura en bloques de madera, hice los dibujos de las estampas, que luego transferí a las telas, confeccioné las mangas que serían continuadas por la pintura para sugerir las pecheras, pinté con leves diferencias sus cabelleras, cosí sus calzones largos, las doté de atributos y les di una función específica dentro del relato. De esta forma, sus polleras de red también debían ser diferentes para sugerir un tipo de pesca (la pescadora colectora de algas, la de los mariscos y la de los peces); incluso la paleta cromática estuvo buscada a partir ahí. Hay algunas conexiones que permanecen ocultas, pero que están para dar una estructura de modo que todos los elementos se vinculen en proporciones diferentes para dar una coherencia material a cada imagen. He trabajado con gubias, lijas, hilo, agujas, pinzas, pegamentos, pinceles, papel y metal, madera y cartón, telas y plástico… he ensuciado mis manos junto con las manos de “Las pescadoras” después de las largas jornadas de trabajo.

Storyboard de Nadia Menotti para "Las pescadoras" (Kalandraka, 2017)

Storyboard de Nadia Menotti para "Las pescadoras" (Kalandraka, 2017)

Proceso creativo de "Las pescadoras", ilustrado por Nadia Menotti (Kalandraka, 2017)

Proceso creativo de "Las pescadoras", ilustrado por Nadia Menotti (Kalandraka, 2017)

[Proceso creativo de “Las pescadoras”. Fotografías cedidas por Nadia Menotti]

 

«No tengo conciencia del tiempo que implicó hacerlo, en cambio sí recuerdo la felicidad a cada paso»

– ¿Alguna anécdota ha quedado de todo ese meticuloso trabajo y del tiempo dedicado a materializar los personajes y los escenarios de “Las pescadoras”?

– Algo curioso que me ha pasado es que me gusta mucho caminar. Mientras hacía este libro he caminado mucho… y he incorporado elementos que encontraba a mi paso, que parecían dejados por alguien para que los usara. Sé que ha sido un proceso muy laborioso porque, desde lo formal, si vas a hacer un entablonado de madera que luego vas a tallar, llevará un proceso: seleccionar, pegar, prensar y esperar que seque para luego trabajar en ir descubriendo la expresión de cada figura. No tengo conciencia del tiempo que implicó hacerlo, en cambio sí recuerdo la felicidad a cada paso.

– Al optar por figuras sin rostro definido, ¿en qué otros aspectos has incidido para dotar de expresividad las ilustraciones?  

– En los primeros bocetos, los personajes tienen rostro. Todo este libro ha sido una búsqueda en sí misma: la decisión de no definir esos rasgos faciales viene de dejar para lo último lo que consideraba más importante, y de tratar de buscar respuesta en profesionales experimentados en ilustración que, por suerte, nunca me contestaron… Por aquel entonces confié en elaborar una propuesta donde la actitud corporal aportase aquellos elementos que permitieran prescindir de la representación de expresiones y gestos en las caras. En el camino me encontré con la educación Waldorf, en la cual, curiosamente los muñecos sin rostro son un elemento esencial para fomentar el uso de la imaginación en los niños. Ahí encontré una base para profundizar sobre estas cuestiones y seguí investigando sobre cómo dotar de expresividad a través del cuerpo. Me interesa seguir explorando sus límites porque lo entiendo como un puente entre los niños y yo; un código común que nos permita jugar juntos.

Proceso creativo de "Las pescadoras", ilustrado por Nadia Menotti (Kalandraka, 2017)

Proceso creativo de "Las pescadoras", ilustrado por Nadia Menotti (Kalandraka, 2017)

[Proceso creativo de “Las pescadoras”. Fotografías cedidas por Nadia Menotti]

 

«Al ilustrar hay mucho trabajo conceptual, pero también hay mucho de intuición y de dejar que la poesía aflore»

– ¿Qué importancia tiene la función estética y/o comunicativa de las metáforas visuales? El humo de las casitas hecho con puntillas y encajes de hilo, figuras sueltas como la que representan la nariz y las pinzas de ropa, las manchas de tinta representando el aguacero y los charcos de lluvia de la tormenta…

– Durante la formación de grado en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, se trabaja bastante sobre los aspectos retóricos de la imagen. En 2011, aunque aún no estaba graduada, fui convocada a incorporarme al cuerpo docente de la materia Comunicación Visual, de la Dra. María Del Valle Ledesma. Esta cátedra tiene la trayectoria, el prestigio y la experiencia de formar parte de las asignaturas del programa de Diseño Gráfico casi desde la fundación de la carrera en la UBA. El grupo de profesores es heterogéneo en su formación académica, muy unido y solidario en el trabajo grupal, de modo que cada ayudante que se incorpora es tratado como un par. Casi inmediatamente se comienza a profundizar sobre el marco teórico que se imparte a los estudiantes en los cursos; esto supone la doble dimensión y responsabilidad de estar formándote a la vez que acompañarás a otros estudiantes en su formación. Esta experiencia me ha permitido explorar el instrumental retórico de la imagen en función de los objetivos comunicativos de la misma. Las metáforas visuales son el resultado de la intención de poner en práctica una máquina retórica como herramienta, que no siempre opera desde un lugar estratégico, consciente y prefigurado. Al ilustrar hay mucho trabajo conceptual, pero también hay mucho de intuición y de dejar que la poesía aflore.

– Desde el punto de vista del mensaje que transmite este cuento tradicional, que plantea el concepto de la “relatividad” de las cosas que observamos (por cuestiones culturales, costumbres…) ¿cómo interpretas esta circunstancia en culturas tan próximas como la española y la argentina, por ejemplo?

– Todo el relato es una gran metáfora sobre cómo percibimos el mundo en que vivimos. En Argentina, en España, o en el lugar más remoto del planeta, nacemos inmersos en una cultura que condiciona nuestra percepción, costumbres y sentidos. Es decir, cómo vemos lo que vemos, por qué decimos lo que decimos, incluso cómo sentimos. Comprender que aquello que es agradable para mí no necesariamente lo será para mi vecino, y que las diferencias completan y enriquecen. Que para hacer algo por alguien hay que trabajar en ampliar la propia percepción y no empeñarse en imponerla. Que si solo me quedo con mi visión del mundo, con mi relato, estaré perdiéndome todos los otros relatos. Compartir un idioma no significa compartir valores; es fundamental interesarse genuinamente por los valores de mi vecino, no solo para construir un vínculo saludable, sino también para comprender su visión del mundo y ampliar la mía.

"Las pescadoras": Xosé Ballesteros & Nadia Menotti (Kalandraka, 2017).

«Es fundamental interesarse por los valores de mi vecino, no solo para construir un vínculo saludable, sino también para comprender su visión del mundo y ampliar la mía»

-¿Cómo se valora el Premio Internacional Compostela en Argentina, o mismo a nivel latinoamericano?

– Como apuntaba anteriormente, este es un proyecto que se originó en un taller de ilustración en la Universidad y, por más que solo personas muy cercanas a mí conocen el largo camino que este libro ha recorrido para llegar al Premio Internacional Compostela, que haya sido seleccionado genera muchas fantasías. Porque ser elegido siempre es un privilegio. En un certamen internacional implica que las miradas que se posaron en tu trabajo, han visto mucho y cuentan con una amplia experiencia. El Premio Compostela en Argentina es toda una meta y es muy conocido en los círculos de ilustradores. Claro que conlleva mucho más trabajo que terminar y presentar un libro. Natalia Colombo y Mariana Ruiz Johnson que fueron ganadoras, y Vanina Starkoff, que fue finalista, son referentes, pero no solo en materia de ilustración, sino también de cuál es la calidad que hay que perseguir para presentarse a este concurso.

– Tu vinculación con el ámbito académico y tus proyectos relacionados con la Psicología, ¿tienen que ver con tu interés por el estudio de propuestas de lectura destinadas a personas con necesidades de apoyo educativo?

– Desde hace más de cinco años vengo acompañando un proyecto de investigación de la Dra. María Ledesma, titular de la Cátedra de Comunicación con más años de antigüedad y experiencia en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA. El proyecto denominado “Cartografías del Diseño Social” ha sido muy enriquecedor, no solo desde lo formativo, sino que ha despertado en mí nuevas inquietudes. He estudiado Psicología antes que Diseño Gráfico, y actualmente me encuentro cursando una maestría en Diseño Comunicacional. Mi interés por el estudio de propuestas de lectura para personas con dificultades de aprendizaje surge de la auténtica motivación de vincular saberes, hacer nuevas preguntas y plantear nuevas búsquedas.

"As pescadoras": Xosé Ballesteros & Nadia Menotti (Kalandraka, 2017).

 


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