"Las alas del AVEcedario": Antonio Rubio & Rebeca Luciani (Faktoría K de Libros, 2017).

Todo lo que se dice de las aves es cierto; son así de variopintas y originales. Las protagonistas de este poemario conforman un abecedario muy personal y sugieren múltiples ‘avecedarios’. Este de Antonio Rubio quiere ser veraz, simpático, poético

y algo estrambótico. Sugiere lecturas en voz alta, bien rítmicas y un poco peripatéticas… También se puede leer en voz baja, en silencio, para escuchar el batir de sus alas.

El autor ha utilizado diversas fórmulas poéticas porque cada pájaro tiene su propio plumaje lírico -y científico-. Casi todos visten colores, plumas y tamaños diferentes; y cantan trinos para cada estación y estado de ánimo. Pero todos tienen una visión del mundo y del vuelo muy humorada y llena de gracia.

Así, unos poemas tienen un tono coloquial y otros más formal; incluso algunos en formato dialogado. Y en esa variedad de registros suenan ecos del romancero tradicional, de la poesía neopopular, hasta de inspiración en las sonoridades, onomatopeyas y juegos de palabras de la ‘centenaria’ Gloria Fuertes.

Entre el misterioso ñacurutú, el cotidiano gorrión o el exótico quetzal y otras 25 aves, abundan las referencias geográficas, artísticas y musicales, la riqueza léxica y las metáforas que aluden a su fisonomía, plumaje, canto o costumbres.

Y a la fuerza literaria de este alado ‘avecedario’ se une la exuberancia plástica que aporta Rebeca Luciani: ilustraciones que combinan lo figurativo con los personajes humanizados, que rebosan colorido y luminosidad, naturaleza y vida. Sus aves arrullan los versos con la elegancia de sus poses y la audacia de sus acrobacias.

"Las alas del AVEcedario": Antonio Rubio & Rebeca Luciani (Faktoría K de Libros, 2017).

Licenciada en Artes Plásticas por la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, la artista argentina comenzó a ilustrar libros hace 16 años. KALANDRAKA le dio su primera oportunidad con “Los oficios de Juan”, precisamente con texto de Antonio Rubio. Desde entonces, Rebeca Luciani ha trabajado para editoriales de varios países. Además, imparte talleres de ilustración en Barcelona, Sao Paulo, Santiago de Chile y Buenos Aires. Su obra ha sido incluida en la lista The White Ravens, también ha sido finalista del I Premio Internacional Compostela de Álbum ilustrado y ha ganado los premios Serra d’Or, Açorianos y Junceda.

 

«No vamos a entrar en un abecedario cualquiera, vamos a entrar a un ‘avecedario’ repleto de aves»

 

-KALANDRAKA: ¿Qué supone volver a ilustrar un libro escrito por Antonio Rubio, 16 años después de la que fue tu primera obra, precisamente compartiendo autoría con él?

-REBECA LUCIANI: Volver a coincidir con Antonio me emocionó muchísimo. Es curioso que tras tantos años se vuelvan a encontrar en un libro escritor, editor e ilustrador. Antonio fue el primer escritor para el que dibujé y Kalandraka fue la primera editorial que me dio una posibilidad cuando (con ojos de hoy) yo empezaba con mi oficio, con más entusiasmo que sabiduría. La verdad es que lo sentí como un regalo, pues este encuentro invitaba a volver la mirada atrás y, justamente, tomar conciencia del incesante trabajo que ha habido en ese tiempo. Es, sin dudas, un libro especial.

Antonio Rubio ha sido maestro durante 40 años. A su labor docente, sus actividades en bibliotecas escolares y su participacuión en cursos de animación lectora y formación del profesorado, se suma su pasión por leer y escribir. También es poeta y dirige la colección de poesía Trece Lunas en el sello FAKTORÍA K de KALANDRAKA. Es autor de numerosos libros, entre los que destacan “Aurelio”, “Almanaque musical”, “La mierlita”, “El pollito de la avellaneda”, la colección De la cuna a la luna, “Colores”, “Números” y “7 Llaves de cuento”, además de participar en la selección poética de “12 poemas ilustrados de Federico García Lorca”, “Poemas de La Oca Loca” de Gloria Fuertes y “Miguel Hernández, 25 poemas ilustrados”.

Sobre esta nueva coincidencia literario-artística con Rebeca Luciani, el escritor toledano no puede evitar la emoción:

-ANTONIO RUBIO: Me siento feliz de volver a trabajar con ella. Rebeca es una excelente pintora y ha seguido creciendo como ilustradora desde aquella lejana fecha. Supongo que también yo habré mejorado algo como escritor, y el reencuentro de ambos, entre alas y aves y versos, solo nos puede depararnos maravillosos vuelos.

Antonio Rubio

«He pretendido obsequiar al lector con momentos lúdicos y humorados, porque el humor es el ‘amor abrigado, con hache’»

-K. ¿Es premeditado que el título de este poemario, Las alas del AVEcedario, sugiera desde el principio un tono lúdico, anticipando los juegos de palabras que aguardan a los lectores?

-A.R. Sí, es cierto. El título ya quiere ser un guiño. No vamos a entrar en un abecedario cualquiera, vamos a entrar a un ‘avecedario’ repleto de aves; por sus letras vuelan y cantan pájaros. Una vez dentro, también he pretendido obsequiar al lector con momentos lúdicos y humorados, porque el humor es el ‘amor abrigado, con hache’.

-K. ¿Cómo de complejo ha sido el proceso de creación, la metodología de “Las alas del AVEcedario”?

-A.R. Alguien que procesa casi de continuo en términos poéticos, tiene siempre el verso preparado, sólo necesita una excusa para ponerse a versificar. Como soy un buen contemplador de aves y un afanoso versificador, supongo que en algún momento, hace siete u ocho años, empecé a garabatear un poema sobre la golondrina o el gorrión… Después me plantearía continuar haciéndoles versos a todos mis pájaros familiares y cercanos. Por último, pensaría que el abecedario es un buen bosque, o una buena pajarera. Y en el abecedario empecé a irles colocando. Pero no encerrados, claro, que me cuidé muy mucho de potenciarles canto, color y alas para volar.

-K. Sobre los retos de ilustrar poesía, ¿requiere otro planteamiento distinto al de ilustrar un relato narrativo?

-R.L. El hecho de ilustrar poesía me permitió no tener que trabajar en la narrativa, ya que cada ilustración empezaba y terminaba en su poema. Pero a pesar de esto -que es un cuestión obvia- no por tratarse de poesía la forma de abordar el libro fue sencilla. Para eso tuve la suerte de contar con el saber de la editora, Manuela Rodríguez, que me ayudó a escuchar el ritmo de esos versos. A partir de ahí me di cuenta de que el libro que había desarrollado era absolutamente barroco y que tanta imagen ahogaba el canto. Así que realicé una segunda versión del libro, “contando con menos”, y ahí sí di con el tono.

Rebeca Luciani

«La parte expresiva supongo que sale con la sensibilidad que uno tiene, con la emoción que despertó el poema, con los recuerdos de la infancia»

-K. Sin abandonar el enfoque poético y en cuanto a la estética de las protagonistas de estos versos, las aves, ¿qué estrategias has empleado para plasmar su plasticidad, cómo te has planteado reforzar la parte expresiva más allá de la meramente descriptiva?

-R.L. Lo primero que hice en este caso, y que hago siempre a la hora de dibujar algo que desconozco, es documentarme. Así que empecé a bucear en Internet y me guardaba todas las fotos que me gustaban de aquellas aves que tendría que retratar. Observaba cada detalle para ser fiel y no terminar en la alegría de dibujar una oropéndola que pareciese un canario. En cuanto a la parte expresiva, supongo que sale con la sensibilidad que uno tiene, con la emoción que despertó el poema, con los recuerdos de la infancia…. Intuyo que todo influye para que salga natural,porque está ahí.

-K. Volviendo a los aspectos literarios, ¿surge también desde el planteamiento inicial de la obra que el libro ofrezca una amplia diversidad de tonos y estructuras?

-A.R. Sí, lo hice adrede. No quería versificar con una sola fórmula, con una sola estructura. Por eso algunos poemas son tiras de versos asonantados, otros son limericks, o haikus, o pareados… También quise que el propio pájaro me sugiriese el tono, de ahí que sea inevitable ponerme amoroso y tierno con el gorrión, muy lírico con la golondrina, simpático con el ñucurutú, antiguo y cancioneril con la tortolita…

«La poesía es, ni más ni menos, un instrumento de conocimiento, deleite, introspección, acompañamiento y fiesta»

-K. ¿Es posible entonces que esta heterogeneidad de fórmulas pruebe la capacidad de la poesía para adaptarse a todo tipo de contenidos?

-A.R. ¡Claro! La poesía es, ni más ni menos, un instrumento de conocimiento, deleite, introspección, acompañamiento y fiesta… Igual que el barro sirve para alzar un cántaro, una vasija, un vaso… Y para explorarse a sí mismo, para explorar las cualidades de la propia tierra, siempre -desde luego- que realice la labor un buen alfarero.

"Las alas del AVEcedario": Antonio Rubio & Rebeca Luciani (Faktoría K de Libros, 2017).

-K. De entrada, nada más ver la portada de “Las alas del AVEcedario, llama la atención su potencia cromática, que continúa con profusión en las páginas interiores del libro. ¿Las aves como protagonistas han favorecido esta recreación?

-R.L. El color para mí es como respirar. Es necesario y, a su vez, me resulta muy fácil. Siempre digo que la dificultad está en el dibujo: ahí es donde me descubro con una mano más torpe y un ojo menos fino. Pero el color… es siempre un desafío en donde él no deja de serme absolutamente generoso. La portada creo que es la ilustración que más me gusta del libro. Me gusta cómo el abecedario se da la mano con el AVEcedario. Y me gusta ese color rosa, casi “chicle”; siento que es bastante rompedor con esa parte más “clásica” que veo en el interior del libro. Siempre vi claro ese diálogo entre el afuera y el adentro del libro.

«Me gusta cómo el abecedario se da la mano con el AVEcedario. Siempre vi claro ese diálogo entre el afuera y el adentro del libro»

-K. Al hilo de esa heterogeneidad literaria, con poemas dialogados, otros más descriptivos, unos más lúdicos… ¿también la ilustración comparte esa variedad de registros? 

-R.L. Siempre me gusta involucrar al lector en la imagen, que se sienta lo más parte posible de ella. Por eso me gusta captar momentos que duran segundos; es como volver al lector en “fisgón” de una situación íntima y que dura ‘nada’ en el tiempo. Incluso a veces me gusta colocar al lector en el lugar de quien dibuja, como en el caso de la ilustración que acompaña el poema dedicado a la oropéndola.

-K. Teniendo en cuenta esa pluralidad de tonos y estructuras poéticas, ¿para qué edad sería recomendable la lectura de “Las alas del AVEcedario”?

-A. R. Esto de las edades siempre es asunto comprometido, porque depende de si habrá mediador, una persona que acerca el libro, y con qué pasión lo haga. Depende del interés y del nivel lector de quien se aproxime al libro. También de las características materiales del libro: la ilustración, maquetación, presencia, tacto, olor… Pero creo que éste ha quedado tan completo con los pinceles de Rebeca, el verso de mi autoría y el amoroso trato editor, que el lector o lectora se puede acercar a él desde muy pronto.

-K. Además de versos y aves, en este libro destaca también el protagonismo de la naturaleza. Ante la representación de una jaula vacía o una casa-nido, ¿las ilustraciones sugieren al público alguna reflexión sobre la vida en libertad de la fauna silvestre?

-R.L. Todo lo que venga de la naturaleza es para mí una fuente de inspiración. Amo las aves, amo los bosques, amo todo lo que tiene que ver  con el mundo natural. Calculo que por eso disfruto más de dibujar bosques y pájaros que ciudades; y por eso mismo adoraría que todos los pájaros estén libres y no en jaulas.

“Las alas del AVEcedario” se presenta en La Osera de la Sierra, en Moralzarzal, y en el ESPACIO KALANDRAKA de Madrid.

Presentación de "Las alas del AVEcerario" en La Osera de la Sierra

Presentación de "Las alas del AVEcerario" en el ESPACIO KALANDRAKA de Madrid

 


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