"Matilde": Sozapato (Kalandraka)

Inquieta y curiosa, la pequeña Matilde se asoma a hurtadillas al estudio de un artista y sale huyendo con uno de sus pinceles, con el que decide dibujar un dragón. Para su sorpresa -y la de los lectores- la criatura trazada salta de la pared y comienza a recorrer la ciudad hasta que se desentiende de la niña y empieza a cometer travesuras. Afortunadamente, el pintor aparece en el momento oportuno y de máximo suspense para ayudar a Matilde, restableciendo la normalidad.

Matilde” es una historia visual, sin texto escrito, que transcurre en una ciudad gris y aburrida, donde la gente camina cabizbaja y ajena a lo que sucede a su alrededor. La presencia del color -que adquiere un valor simbólico- se reduce a la figura de la protagonista, el taller del artista y los personajes que salen de sus pinceles, algunos de los cuales también habitan libremente en las calles.

Con una estudiada narrativa que compensa la ausencia de palabras, “Matilde” está estructurado en grupos de viñetas y en escenas a doble página, incluyendo representaciones de estilo cinematográfico propias del lenguaje de la banda diseñada, que refuerzan el carácter dinámico del relato.

Sofía Zapata Ochoa ‘Sozapato’ (Quito, 1984) presenta una historia actual evocadora de una antigua leyenda sobre un pincel mágico. “Matilde” trata sobre el poder de la imaginación y la creatividad; un poder incluso indómito, si quien lo maneja no sabe controlarlo. En este sentido, se aprecia un guiño al oficio artístico y al papel del maestro como guía. La obra, con un final abierto, no se agota en un primer acercamiento, sino que permite descubrir nuevos detalles y personajes de oculto protagonismo en sucesivas lecturas.

Sozapato es licenciada en Artes Plásticas por la Universidad Central de Ecuador, graduada en Diseño Gráfico en el Instituto Metropolitano de Diseño de Quito y ha completado su formación con un Máster de Libro Infantil Ilustrado en la Escuela i con i, en Madrid. Como ilustradora, ha trabajado con editoriales de Ecuador, Chile, Colombia y España. Ha ganado varios premios de dibujo, pintura y diseño. Su primer libro como autora, “Colorín colorado”, fue seleccionado para representar a Ecuador en la lista de honor IBBY 2014. También ha estudiado artes escénicas en el laboratorio Malayerba y en El Teatro del Cronopio, especializándose en teatro-clown. Actualmente forma parte del colectivo teatral español-ecuatoriano El Gran Ticlop.

Sofía Zapata Ochoa, 'Sozapato'

 

«El arte tiene la facultad maravillosa de evidenciarnos como seres humanos»

 

-KALANDRAKA: “Matilde” es el resultado de tu participación en un Master de Álbum Ilustrado. ¿Cómo ha resultado esa experiencia y en qué medida ha contribuido a la evolución de este trabajo desde su planteamiento inicial hasta su acabado?

-SOZAPATO: “Matilde” fue mi proyecto final del Master. Y aunque no terminé el libro en el tiempo que duró el curso, a través de los ejercicios propuestos por mi tutor, Gustavo Puerta,  y los ‘tips’ que recibí en clase, pude entender varios conceptos y resoluciones gráficas que, finalmente, me dieron las herramientas necesarias para terminar el proyecto sola.

-K: La idea de un pincel mágico del que surgen figuras que cobran vida ya tenía cierto recorrido en la literatura oral, escrita e incluso en el campo audiovisual. ¿Qué aporta “Matilde” desde el punto de vista creativo?

-S: Siento que el pincel mágico en “Matilde” es solo el pretexto para hablar de otro tipo de conflictos, quizá un tanto más complejos.  El juego y el color que se desprenden de este pincel, en realidad permiten evidenciar lo que no es mágico: la indiferencia, la rutina, la adultez mal entendida como amargura, el estatismo emocional… Y sin decir una sola palabra, esta historia aparentemente simple, pone en manos del lector reflexiones en varios niveles: ¿Qué representa el color? ¿Por qué algunos personajes son grises? ¿Por qué no pueden ver lo que está frente a sus ojos? ¿Quién es Matilde? ¿Por qué dibuja un dragón?… Hay varias pistas gráficas escondidas a lo largo de la historia, que sin dejar de ser divertidas e inesperadas, evocan nuevos y distintos análisis.

«Esta historia aparentemente simple, pone en manos del lector reflexiones en varios niveles. Hay varias pistas gráficas escondidas a lo largo de la historia que, sin dejar de ser divertidas e inesperadas, evocan nuevos y distintos análisis»

-K: Abundan los elementos fantásticos: desde la sombra con forma de dragón que Matilde proyecta de sí misma en el suelo antes incluso de que comience la historia -como una especie de ‘declaración de intenciones’ de lo que se encontrará el público en las páginas del libro- hasta los personajes ‘imposibles’ que habitan con el pintor y que deambulan por la ciudad, pasando por el propio dragón sobre el que gira la trama. ¿Qué metáfora visual representan?

-S: Creo que el arte tiene la facultad maravillosa de evidenciarnos como seres humanos y, a partir de esa premisa, empiezo a elaborar varios ejes narrativos en esta historia. El dragón, para mí, representa el primer impulso del ser humano que, sin ser “malo”, suele ser visceral, desbordante y torpe. Los personajes oníricos que habitan con el pintor y que sí pueden coexistir en el mundo, representan los impulsos más conscientes y reflexivos. En la escena en la que aparece el pintor en su estudio, si se pone atención, se puede encontrar el dragón (del pintor) capturado en lienzo; ya que él también fue niño inexperto y también tuvo que aprender a controlar su primer y alborotado impulso, como Matilde.

"Matilde": Sozapato (Kalandraka, 2017)

-K: En cuanto al manejo del color, a diferencia de otras obras tuyas en las que la paleta cromática es amplia, intensa y luminosa, “Matilde” sorprende por la sobriedad y el predominio de los tonos apagados excepto en el caso de figuras concretas que centran la atención en el desarrollo de la trama. ¿El valor simbólico del color en esta historia es tal vez lo que sustituye la comunicación convencional a través de las palabras?

-S: No necesariamente. Creo que la historia podría entenderse perfectamente si todos los personajes llevaran colores. Mi decisión de mantener una atmosfera gris fue para dar profundidad extra a la trama principal y, a partir de eso, incitar al niño/a a reflexionar sobre temas más íntimos. En este caso estoy hablando del juego, la curiosidad y la empatía, facultades que abundan en la infancia y que muchas veces, al “adultecernos”, dejamos de desarrollar, para entonces convertirnos en entes neutros, mimetizados en la apatía general.

«Estoy hablando de juego, curiosidad y empatía, facultades que abundan en la infancia y que, al “adultecernos”, dejamos de desarrollar para convertirnos en entes neutros, mimetizados en la apatía general»

-K: La estructura tan meditada de la obra, a través de una suerte de viñetas entre las que se van intercalando ilustraciones a doble página, también forma parte de ese lenguaje no-escrito que utilizas para contar la historia. ¿Qué predominaría más, la influencia del cómic, el lenguaje del cine, o ambos?

-S: Al no tener un texto que narre la historia de Matilde, por un tema netamente comunicacional, tuve que abordar varios tipos de lenguaje. Utilizar viñetas fue de gran ayuda para contraer el paso prologando del tiempo o varias acciones en un espacio reducido. El lenguaje del cine, en cambio, responde más a un tema estético y emocional. Sin embargo, cada decisión se tomó en función de realzar y focalizar la atención en la acción principal que, finalmente, lleva el hilo narrativo de la historia.

-K: Hay dos páginas en las que, aún utilizando la misma estrategia gráfica, el significado es opuesto: la escena en la que Matilde pierde el control del dragón está contada como a cámara lenta, mientras que la escena en la que el dragón hace de las suyas por la ciudad y su figura se multiplica en diferentes poses, parece contada a cámara rápida. ¿Es en detalles como estos donde más se evidencia la complejidad de la obra desde el punto de vista técnico, aunque la trama parezca aparentemente sencilla?

-S: Evidentemente, hay complejidad en la forma de narrar esta historia; pero más que en los detalles técnicos que ejemplificas (cámara lenta y rápida), está en la intención comunicacional que determinó dónde y cómo utilizar estos recursos. “Matilde” pretende ser un viaje íntimo, donde el niño/a pueda reconocerse en verdad, con sensaciones y experiencias vividas. Generalmente, cuando nos pasa algo malo tardamos en encajar  la situación (cámara lenta) y al contrario, cuando nos metemos en problemas casi no notamos el paso del tiempo (cámara rápida), antes de su consecuencia final.

«Matilde pretende ser un viaje íntimo, donde el niño/a pueda reconocerse en verdad, con sensaciones y experiencias vividas»

"Matilde": Sozapato (Kalandraka, 2017)

-K: También desde el punto de vista de la técnica y el estilo artístico, se aprecia en las ilustraciones que conviven trazos con distintos grados de ejecución: manchas de color en las hojas que cuelgan del estudio del artista, borrones en el peinado de la protagonista, líneas detallistas y buenos acabados en el rostro de otros personajes que transitan por la historia… ¿supone tal vez que en “Matilde” confluyen varios registros tuyos como ilustradora?

-S: Sí, pero son registros previamente decididos y pulidos para que habiten esta historia. Matilde tiene quizá lo más íntimo de mi experiencia como ilustradora; mis trazos más vulnerables.

-K: Del trabajo con el story-board o el guión previo en el proceso de elaboración, ¿resultan también efectos que tienen que ver con la creación de tensión narrativa, que imprimen emoción -e incluso momentos de peligro- en el desarrollo de la historia?

-S: Al inicio fue muy importante desarrollar un story-board, principalmente para organizar y visualizar el esqueleto de la historia. Sin embargo, a mitad del proceso, me permití reestructurar y cambiar el libreto tantas veces como lo sintiera necesario, testeando, a mi ritmo y al de Matilde, la historia que iba apareciendo entre mis manos. Gran parte de las decisiones que producen estos efectos de los que hablas (emoción y ritmo), las tomé conforme desarrollaba y confrontaba las imágenes. Estoy siempre abierta a la posibilidad de rehacer ilustraciones, cuantas veces sea necesario, en función de lograr una narración coherente.

«Estoy siempre abierta a la posibilidad de rehacer ilustraciones, cuantas veces sea necesario, en función de lograr una narración coherente»

-K: ¿Es correcta la contraposición entre el carácter pausado y reflexivo del veterano pintor frente a la actitud impulsiva y aventurera de quien se revela como aprendiz?

-S: Sí, claro. Matilde nos muestra la belleza de ser torpes y novatos, en el arte de descubrirse. Sin juzgamientos ni censura, esta historia muestra la locura atropellada (Matilde) y la fluidez pacifica (Pintor) de un mismo tópico; el arte.

-K: Hay un personaje ‘oculto’ cuya presencia los lectores pueden descubrir (o no, quizás algunos no se percaten hasta el final de que ha estado ahí, sin darse cuenta) que cobra protagonismo en el final abierto de la historia. ¿La capacidad de este libro para hacer volar la imaginación del público es una continuación del propio argumento, más allá de las páginas impresas?

-S: La intención es que después de leer este libro, el niño/a se descubra bombardeado/a de reflexiones y preguntas, lleno/a de elementos para completar y continuar su propia historia. El final abierto es solo una invitación explicita para este propósito; el de imaginar.

«Creo que hay una cosmovisión ecuatoriana particular que podría aportar en la forma de contar historias a nivel Iberoamericano»

"Matilde": Sozapato (Kalandraka, 2017)

-K: En “Matilde” hay muchos elementos vinculados al cómic, al cine, o que remiten a la animación. Sin embargo, además de tu faceta como ilustradora, has completado tu formación en el ámbito del teatro. ¿Es una cuestión vocacional o tiene que ver quizás con tu interés por las artes escénicas en un sentido global?

-S: Para mí, el teatro-clown es el deleite absoluto (mi sonrisa), mientras que el trazo plástico es mi cable a tierra (mi respiración); ambos, placeres inseparables e irreemplazables. Encontré el teatro por vocación, pero hoy en día estoy convencida de que es el complemento perfecto para la creación plástica. Creo que hay una relación simbiótica muy fuerte entre el artista y su producción artística, y que solo se puede dotar de real profundidad y emotividad a una obra de arte, en tanto y en cuanto el artista esté en permanente auto-descubrimiento. En lo personal, el teatro-clown me ha permitido ver mi existencia con una integralidad que asusta, y creo que eso aporta significativamente a mi trabajo plástico.

-K: Sobre el panorama de la ilustración o de la edición de literatura infantil-juvenil en Ecuador, ¿en que punto se encuentra en el contexto iberoamericano? ¿Y qué supone, en tu aún breve experiencia, haber logrado representar a tu país en la selección IBBY con el que fue tu primer libro?

-S: En el Ecuador hay propuestas interesantes de literatura infantil y juvenil, desde el texto y también desde la ilustración. Sin embargo, ha sido en estos últimos tres años cuando se han destacado varios nombres de autores ilustradores a nivel internacional y esto me encanta, porque creo que hay una cosmovisión ecuatoriana particular que podría aportar en la forma de contar historias a nivel Iberoamericano. Al ser un poco “desastrosa”, como Matilde, me resultó sorprendentemente extraño saber que mi primer intento de libro-álbum estaba representando a Ecuador en el International Board on Books for Young People (IBBY), pero finalmente asumí ese gran honor como un empujón de la vida, que me hacía saber, de alguna forma, que estoy en la dirección correcta y que sí puedo contar historias desde el formato del libro-álbum. Fue una noticia que me provocó muchas ganas de capacitarme más, descubrir nuevos trazos y nuevas formas de narrar para, en un futuro, intentarlo de nuevo; pero esta vez con más conciencia y pulcritud. Matilde es mi segundo intento y, más allá de si logro representar una vez más a mi país en el IBBY, estoy muy satisfecha con el resultado; siento que es un libro muy honesto.

«Europa y América latina constituyen culturas complementarias y es muy interesante poder tener canales de convergencia para nutrirnos mutuamente»

-K: La publicación de “Matilde” en KALANDRAKA amplía el abanico de ‘banderas’, al ser la primera autora ecuatoriana que se incorpora al catálogo de los “Libros para soñar”. ¿Qué experiencia previa tenías con respecto a la edición en el ámbito europeo y qué visión se tiene desde Ecuador de los “puentes artísticos” entre Europa y América, tan transitados por numerosos ilustradores e ilustradoras iberoamericanos que, al menos en España, son muy apreciados?

-S: Como la gran mayoría de ilustradores, he tenido que auto-educarme y, de hecho, siempre me he nutrido mucho del análisis de libro-álbumes europeos. Sin embargo, creo que hay una cosmovisión latina y andina, intrínseca en mí, que inevitablemente mixtura mi forma de contar historias y me ha permitido encontrar un lenguaje propio. Creo que Europa y América latina constituyen culturas complementarias y es muy interesante poder tener canales de convergencia para nutrirnos mutuamente. Para mí, Europa es la concreción y la elegancia, y América, la emoción y el juego… ¡me encanta pensar en las potencialidades de combinar lo mejor de ambos mundos!

 

 


Deja un comentario