COMO LA LLUVIA 6.tif

El sol se pone a la misma hora para todos los habitantes de Bombay. Al regresar a sus casas, algunos podrán abrir los grifos para lavarse y preparar la cena. Pero la mayoría, que carecen de  agua corriente, tendrán que repartir entre toda la familia el contenido de los cubos que han llenado en las fuentes públicas… Como Agni, un niño de diez años que ya desde los seis trabaja en un lavadero.

Mientras frota y refrota sin parar, Agni sueña que algún día cambiará su suerte. Su sueño es el de los más de 250 millones de niños y niñas que madrugan cada día, no para ir a la escuela o jugar, sino para trabajar, forzados por las redes de explotación y esclavitud infantil o de forma «voluntaria» para ayudar a sus familias, sumidas en la pobreza.

El 12 de junio se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. “Agni y la lluvia“, escrito por Dora Sales e ilustrado por Enrique Flores, aborda esta lacra con una mirada tierna centrada en el valor de los sentimientos, la esperanza y la voluntad por progresar de su protagonista, que emociona y genera empatía. Las acuarelas de Enrique Flores, que destacan por el trazo rápido e imperfecto, nos transportan al hogar, la barriada, al inmenso tendal…

“…Agni no entiende bien qué es eso de ser pobre. Solo tiene una cosa clara: sus padres, Lalita y él lo son. Y todos los vecinos del barrio, también. Porque cuando los mayores hablan entre ellos, en muchas ocasiones suelen terminar diciendo que son pobres. «No es bueno ser pobre», piensa Agni al recordar las caras tristes de los mayores cuando dicen esa palabra. Al hacerlo nunca sonríen”.

Dora Sales, autora de "Agni y la lluvia" (Kalandraka).

«Niños como Agni tienen algo que en otras sociedades más pudientes hemos perdido, que es la solidaridad, la generosidad absoluta»

Dora Sales (Castellón, 1974) es traductora especializada en literatura poscolonial, sobre todo india y africana. Ha colaborado con editoriales como Espasa, Siruela, Random House-Mondadori y Altaïr. Ha preparado ediciones críticas de textos literarios latinoamericanos. Licenciada en Filología Inglesa y doctora en Traducción e Interpretación, actualmente es profesora titular en la Universidad Jaume I. También tiene experiencia en materia de gestión cultural. Entre otros, es autora de los libros “Y oyes cómo llora el viento” (Lóguez) y “Puentes sobre el mundo” (Peter Lang).

La autora presentó “Agni y la lluvia” en la librería Babel de Castellón y, en vísperas del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, firma ejemplares de la obra en la caseta 179 de KALANDRAKA de la Feria del Libro de Madrid. Con ella desgranamos las claves de esta obra.

– ¿Cómo nació la historia de Agni? Desde su origen como proyecto literario hasta su publicación, ¿cómo valora el resultado una vez convertido en libro?

– Cuando yo le envié este texto a Kalandraka la primera vez, en 2009, no le mandé este libro ni esta historia así completa, que ni se parecía. Yo envié algo a la aventura, que había hecho con mucha ilusión, pero en aquel momento no tenía ni por asomo la idea de que esto iba a convertirse en un libro de esta envergadura, de esta extensión, ni de esta naturaleza. Yo mandé diez páginas de las que ha quedado algo, bastante; pero eran diez páginas de lo que en aquel momento creí que iba a ser un cuento corto. Yo no sé qué vio el director, Xosé Ballesteros, en esas diez páginas, pero vio algo, por lo que yo le estaré siempre agradecida.

– Desde 2009 a 2017 ha publicado otros libros, pero ¿acaso este representaría como ninguno el carácter dialéctico del proceso editorial?

– El editor vio algo en Agni; sobre todo, vio a ese niño que tenía una historia que contar, pero no en solo diez páginas. Realmente, a partir de esas diez páginas, él me dijo: “Sigue, sigue escribiendo”. Y yo seguí, seguí y le fui enviando versiones. Él me orientaba con sutileza: “Esto lo podías alargar… aquí no acabes tan rápido…”. Nunca me decía qué tenía que pasar y yo me fui dejando llevar, un poco como las olas; sin empujarme, pero me iba llevando, hasta que terminó siendo el texto que es ahora y el dijo entonces: “Ya está”. Así que este libro lo he escrito yo, pero él también lo ha hecho posible y lo ha hecho existir porque yo no había escrito toda esta historia tal y como es ahora. Por eso le agradezco haber visto potencial en el material original.

– ¿Cómo es Agni?

– Es un  niño tremendamente inteligente dentro de su situación; tiene unas reflexiones que no sólo me he inventado yo, sino que también las tienen niños en esas circunstancias. Sus reflexiones son tan maduras que te sorprenden. De alguna forma, se trata de visibilizar este tipo de situaciones, sin olvidar que -por el tipo de texto que se trata- hay que entretener y, de alguna manera divertir, dentro de lo que se pueda. Para eso está el personaje del mejor amigo de Agni, que es un desastre, pero un desastre maravilloso: el típico amigo que va contigo al fin del mundo aunque no sepa a dónde.

«Es una historia sobre el trabajo infantil, pero yo no quería que fuese todo lo dramática que es la realidad de estos niños y niñas que trabajan»

– En un relato cuyo trasfondo es un tema social tan comprometido y de un calado humano tan preocupante como el trabajo infantil, ¿cómo se combinan la realidad y la ficción?

– “Agni y la lluvia” es muchas cosas en una. Efectivamente, es una historia sobre el trabajo infantil, pero yo no quería que fuese todo lo dramática que es la realidad de estos niños y niñas que trabajan. Sobre todo, es una historia en la que gran parte de lo que sucede es ficción: me lo he inventado yo, es fruto de muchas anécdotas sacadas de contexto que he traído a mi terreno para contar la historia; pero es una historia real. Agni es muchos niños en uno y, realmente, una de las muchas historias que se pueden contar sobre niños trabajadores es la de los niños de Bombay que trabajan en los lavaderos: se pasan todo el día con las manos mojadas, con lo que eso implica de que estén hinchadas y perjudicadas, con horarios tremendos y una pobreza extrema cuyo nivel no podemos ni imaginar.

Dora Sales, autora de "Agni y la lluvia" (Kalandraka).

– ¿Qué mensaje nos transmiten estos niños y niñas que viven su infancia como si fuesen adultos?

– Esos niños existen, los he visto… Y lo que más me chocó e impactó cuando estuve en Bombay es que constantemente se están riendo. Son niños felices, dentro de su circunstancia porque, como mucha gente amiga de allí me explicaba, ellos no tienen con qué compararse, no saben lo que es vivir otra vida; entonces son felices con que salga el sol… ¡con cualquier cosa! Y esa sabiduría que tienen se refleja en esa sonrisa que muestran permanentemente, en esa generosidad real que practican. ¡Yo he visto a niños compartir una galleta entre cinco! Al darles una galleta, no se la comen con el ansia que deben tener, lógicamente, porque son criaturas que, en su gran mayoría, están desnutridas. Niños como Agni tienen algo que en otras sociedades más pudientes hemos perdido, que es la solidaridad, la generosidad absoluta. Muchas de las cosas que suceden en la historia -el contexto cultural- son reales, parten de mis propias vivencias en Bombay; es el Bombay que yo conozco, las calles que yo conozco, las comidas que yo conozco… es ‘mi’ Bombay. En ese sentido, también es un pequeño homenaje a esa ciudad.

«Son niños felices, dentro de su circunstancia, porque no tienen con qué compararse, no saben lo que es vivir otra vida»

– ¿Cómo ha abordado el contexto próximo al protagonista de esta historia y, en especial, las repercusiones que rodean el fenómeno del trabajo infantil?

– He tratado de construir la historia fuera del cliché de la típica familia padre-madre-hermano-hermana. Existe ese núcleo, pero aquí hay además un hermano mayor, que es hijo de otra madre, porque las familias son ante todo cariño y no importa de quién seas hijo. Toda la base y la historia cultural son reales; el niño es real, o más bien lo que le pasa. Son niños y niñas que existen y, sobre todo, su gran carencia -no solo la carencia vivencial de la pobreza en la que viven- es educativa, porque son niñas y niños que trabajan desde muy pequeños y no acceden al colegio. Desde hace algunos años ya empieza a haber proyectos para tratar de llevar a esos niños a la escuela, aunque sigan trabajando, porque es muy difícil sacarles por completo del trabajo cuando ese empleo es el sustento de su familia, o gran parte de lo que necesita esa familia para salir adelante.

– Sin embargo, el protagonista del libro no es el eje de la historia. ¿Qué otro personaje femenino representa ese papel fundamental?

– Agni tiene una hermana pequeña. Este personaje es el drama de la historia, en el sentido aristotélico; es decir, lo que empuja a la acción: esa niña que tiene cuatro años, que está creciendo, que dentro de poco también tendrá que empezar a trabajar. Agni y su hermano quieren que esa niña no trabaje, que pueda tener una oportunidad de no trabajar. Esto, en cualquier circunstancia, es importante y marca la cuestión del género. Pero en un lugar como la India todavía más, porque allí, hasta hace poco, y sobre todo en determinadas zonas, tener una hija era como una desgracia. Tenían que ‘colocarla’, no eran consideradas como algo productivo. Entonces, que una familia tan pobre, pero tan inteligente, llena de valores, con esa inteligencia emocional -que es la que importa como motor para cualquier otro tipo de inteligencia- se preocupe, y especialmente los hermanos (los padres también, pero ellos ya arrastran su propio drama) para que la hermana menor no tenga que llegar a la situación a la que los mayores han llegado, es muy importante. Las personas que dirigen los proyectos para que esto se canalice, también son mujeres, representantes de una generación real y actual de gente que está dentro de contextos donde el machismo es muy acusado. Pero están haciendo cosas distintas, teniendo en cuenta esa igualdad que es tan necesaria entre niños y niñas. De un modo muy sutil, esta mirada también quería dejarla presente en la historia.

Dora Sales, autora de "Agni y la lluvia" (Kalandraka).

– ¿Hasta qué punto “Agni y la lluvia” contribuye a agitar conciencias y hacer un llamamiento a la solidaridad y la sensibilidad de la población para combatir la lacra de la explotación infantil?

– Proyectos como el que de alguna manera se narra en la historia, de escuelas muy pequeñas que a lo mejor terminan educando a un máximo de 20 niños y niñas, existen y son reales. También está la idea de que por muy pequeño que parezca ese tipo de proyecto -porque 20 en un contexto de cientos de niños trabajadores, parece muy pequeño-, es más que ninguno. Más valen 20 niños y niñas estudiando y recibiendo por lo menos la educación mínima para aprender a leer y escribir, sumar y restar, que nada. Cuando vemos tragedias y pensamos que no podemos ayudar, cierto es que no podemos arreglar el mundo, pero a lo mejor podemos contribuir en algo concreto. Y esto, por pequeño que parezca, siempre es algo más que nada.

– Ni siquiera el nombre de la niña es casual. ¿Detalles como ese redundan en la credibilidad y la verosimilitud del relato?

– Todos los nombres de los personajes y sus significados son de verdad, y están pensados desde el simbolismo. Lalita significa ‘la que juega’. Y es lo que los hermanos quieren: que pueda seguir jugando mientras sea niña y no tenga que trabajar como ellos desde tan pequeños.

«Su gran carencia -no solo la pobreza en la que viven- es educativa, porque son niñas y niños que trabajan desde muy pequeños y no acceden al colegio»

– ¿Cuál es la clave para, sin obviar que se trata de una historia triste, envolver esa melancolía de luminosidad y esperanza?

– Esa era la idea: contar una historia que, de fondo es muy dura; en ningún momento se le quita hierro a esa dureza, pero se cuenta con un tono que Xosé Ballesteros me ayudó a encontrar para poder entretener, divertir y hacer pensar. Porque, ante todo, es literatura.

– Sobre el carácter atemporal y universal de un tema como el trabajo infantil, ¿aspira a que la historia de Agni llegue a ser conocida en más países?

– Como traductora, me encanta que “Agni y la lluvia” se haya publicado simultáneamente con traducción al catalán y al gallego. Es un lujo para una traductora ser traducida; el colmo de la ilusión. Ahora espero que pueda llegar a otras lenguas para que la historia de este niño -que es uno de tantos, pero perfilado con muchos matices- pueda seguir circulando y viajando por el mundo.

Dora Sales, autora de "Agni y la lluvia" (Kalandraka).


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