Los poemas de “¡A la luna, a las dos y a las tres…!” -XI Premio Ciudad de Orihuela de Poesía para Niñas y Niños- recrean la tradición popular en clave lúdica. La propuesta de Nieves García plantea una dualidad entre composiciones -canciones, coplas, juegos, adivinanzas- cuyo referente es la literatura oral, a partir de las cuales elabora otro planteamiento literario novedoso marcado por el júbilo, la musicalidad y el énfasis expresivo. La luna -y cuanto la rodea: la noche, las nanas, los sueños- es la protagonista de este poemario, que destaca por la unidad de conjunto lograda y su oportuna contribución a la poesía para las primeras edades, con un lenguaje asequible.

Partiendo de su aparente ausencia en la fase de luna nueva, nuestro satélite se irá descubriendo para divertirse con las estrellas. Mientras, ya desde la cuna hemos fantaseado con alcanzarla. Pero el paso de los años hacia la madurez nos aleja de su magia, por eso este libro -ilustrado por Noemí Villamuza– anima a recuperar la ilusión de la infancia.

Nieves García ha recibido el XI Premio Ciudad de Orihuela en el Día Mundial de la Poesía. En su visita a la ciudad natal de Miguel Hernández, ha visitado por primera vez la casa del gran poeta, donde destaca la célebre higuera del huerto.

La Concejalía de Educación del Ayuntamiento de Orihuela ha organizado el acto institucional de entrega del XI Premio Ciudad de Orihuela de Poesía para Niñas y Niños en el centro cultural La Lonja. Una delegación del Ayuntamiento de Aspe, encabezada por la alcaldesa, la concejala de Cultura y la responsable de la Biblioteca Pública Municipal han acompañado a la autora, natural de esta localidad alicantina.

Por décimo primera vez celebramos la entrega del Premio Internacional de Poesía para Niñas y Niños Ciudad de Orihuela.

En estos tiempos prosaicos la lectura por placer, por desgracia, no es una actividad excesivamente mayoritaria. Pesa a que nunca hubo tanta oferta de lecturas en librerías y en bibliotecas, y pese a que la posibilidad de leer en cualquier soporte nunca estuvo más a mano, cuatro de cada diez personas confiesa que no abre un libro en su vida… ni por descuido. Una desgracia para cualquier sociedad, y no solo para la española. Como leí hace poco en algún lugar: Los libros curan la más peligrosa de las enfermedades humanas: la ignorancia.

Por eso les animo a descubrir la lista de los beneficios reales e inmediatos que proporciona el acto de leer; en Orihuela tienen un buen ejemplo práctico. Hoy toca festejar colectivamente que en esta ciudad, gracias al empeño de las personas que trabajan en los Servicios Educativos del ayuntamiento de Orihuela, bajo la jefatura de Fuensanta Mazón y la dirección de la edil Begoña Cuartero, los amantes de los libros -los letraheridos, como diría Esther Tusquets- estamos de enhorabuena. Año tras año, este encuentro anual que aquí nos congrega, es una auténtica fiesta de la palabra. De la palabra en su esencia más pura. Porque la poesía, como nos recuerda el gran maestro y amigo Federico Martín, es el primer encuentro con la Literatura:

“Son las canciones de cuna los primeros poemas que el niño oye, y aún antes de comprender su significado, se deleita con la musicalidad y el ritmo de las palabras”.

Así lo entendió Miguel Hernández, y así fue capaz de crear poemas tan sublimes e imperecederos como Nanas de la cebolla.

Precisamente uno de los objetivos de este certamen es contribuir a que la memoria del gran poeta oriolano siga tan viva como vivos estás sus poemas. La figura del poeta ha ido creciendo cada año y sus palabras han germinado como un canto de primavera, han vencido al odio y a la injusticia que lo dejó morir en una celda, separado de su hijo recién nacido y de su compañera.  Este premio que cada año otorga el ayuntamiento de Orihuela es una de las mejores muestras de que el legado de Miguel Hernández sigue latiendo con vigor.

Y aunque cada año revivimos a través de la poesía la obra de este gran autor, en esta ocasión la obra galardonada tiene un carácter especial porque ¡A la luna, a las dos y a las tres!, de Nieves García, parece un auténtico homenaje al poeta “lunicultor”, como llegó a llamarse a sí mismo Miguel Hernández. Recordemos que su primer libro, publicado en 1933 y prologado por Ramón Sijé, se tituló Perito en Lunas. Ese cuerpo celeste simbolizaba para él la exaltación de la vida, la fecundidad y, sobre todo, la vocación poética.

Puesta en la mejor práctica estás, luna.

Ay, sí. No hay que agregarle ya por pena

a tu suma de luz cifra ninguna,

mista en todo de blanca y de morena.

El propio Miguel Hernández sabía que muchos otros poetas y escritores habían cantado a la luna antes que él, y que otros muchos lo habrían de seguir. Porque la literatura es fluido continuo que comienza con la tradición oral… y nunca acaba.

La leyenda “El rayo de luna”, de Bécquer.

Alberti en “Marinero en tierra”:

Ha nevado en la luna, Rosa-fría.

Los abetos patinan por el yelo,

Tu bufanda rizada sube al cielo

Como un adiós que el aire claro estría. 

O Pablo Neruda, que le dedicó una oda:

Reina de los astros
estos humildes versos quiero dedicarte
y aunque ya por otros
bien ensalzada fuiste
el atrevimiento me tomo de cantarte.
 

Pero no creo equivocarme al decir que el autor que ha deslumbrado con su luz lunera y ha inspirado más a Nieves García para escribir esta obra ha sido Federico García Lorca, que en su “Romancero Gitano” escribió:

La luna vino a la fragua

Con su polisón de nardos.

El niño la mira mira.

El niño la está mirando.

La niña Nieves conocía todos estos versos y muchas otras lecturas que, depuradas, tamizadas y combinadas en la memoria y en su imaginación, han hecho posible que esta luna que ella ha mirado noche tras noche para ahora presentárnosla en este bello poemario, sea una luna especial.

Una luna que se transforma, se estira, se encoge, se esconde, se resfría y, sobre todo, que juega y canta.

Podemos asegurar que es una luna-pan, porque alimenta.

Si yo fuese maestro, me sentiría enormemente alegre porque estos poemas me permitirían jugar con mis alumnos y alumnas en el patio, en el aula de música, en la de psicomotricidad, en la de plástica… Hay tantas posibilidades rítmicas y lúdicas en ¡A la Luna, a las dos y a las tres! que cada uno de los poemas se puede transformar en canción o en una hermosa escena, como pronto podremos comprobar aquí, en unos minutos.

En el recital ha participado alumnado de los centros educativos CEIP Nuestra Señora del Pilar-La Campaneta, CRA Azahar-La Matanza, CC Nuestra Señora del Carmen, CC Jesús María-San Isidro y CEIP San Bartolomé. También ha asistido profesorado de cada colegio.

Dentro de unos meses, exactamente el 20 de julio, se cumplirán 50 años de un hecho que significó un cambio crucial en la historia de la humanidad: la llegada de los primeros hombres a la luna.

Lo recuerdo porque la noticia fue retransmitida por televisión; aquella televisión en blanco y negro que ya se iba adueñando de la salita de estar de cualquier hogar. Yo era un niño que aún se asombraba de ver el planeta Tierra girando en la pequeña pantalla mientras se anunciaba el Noticiero.

Hasta entonces, para mí la Luna era aquel satélite enigmático que crecía hasta la plenitud y luego volvía a decrecer, día a día, hasta desaparecer por completo e iniciar de nuevo un ciclo ininterrumpido.

Claro que ya había leído “De la Tierra a la Luna” de Julio Verne, y sabía que el barón de Münchhausen también había estado en ella; aunque esas historias eran mera fantasía.

Pero aquellas imágenes eran otra cosa, eran de verdad. Tan reales como la frase que pronunció el astronauta Armstrong, que quedó grabada para siempre en nuestra memoria:

Este es un pequeño paso para un hombre y un gran salto para la humanidad.

Yo hubiera preferido que el comandante Armstrong hubiese cantando:

Luna, lunera, cascabelera

debajo de la cama tienes la cena.

 Porque la Luna bien se merece que la sigamos acogiendo para alimentarla con canciones, coplas, juegos, adivinanzas, nanas y sueños. A ella y a sus amigas las estrellas, los luceros, el sol y toda la Vía Láctea las ha reunido Nieves García en este poemario que ha ilustrado Noemí Villamuza. Un poemario que invita al juego y al canto. Un poemario que resultaba un reto para cualquier artista que desease ilustrarlo.

Noemí Villamuza ha hecho un gran trabajo de creación y de recreación. Ha envuelto estos versos lunáticos, nocturnos y soñadores en un tono azulado sobre el que destacan las figuras infantiles; representaciones realistas y de delicado detallismo realizadas con acuarela, que juegan con la intensidad del color y contrastan con el dorado reflejo de la luna.

Estoy seguro de que este libro escrito por Nieves e ilustrado por Noemí, pensando, en primer lugar, para los niños y las niñas de Orihuela, recorrerá a partir de ahora tantos kilómetros por todas las bibliotecas, escuelas y hogares del mundo… que podría incluso alcanzar la Luna.

Y puede incluso que algún día llegue a estar en alguna biblioteca de la Luna Lunera.

Intervención del director de KALANDRAKA, Xosé Ballesteros, en el acto de entrega del premio.

 

La autora y el director de KALANDRAKA, con el equipo de la Concejalía de Educación de Orihuela

 

Visita de la autora al colegio Jesús María, en el barrio de San Isidro

“¡A la luna, a las dos y a las tres!” ante uno de los murales del barrio de San Isidro

Entrevista en Radio Orihuela (Cadena Ser) con Nieves García; la concejala de Educación, Begoña Cuartero, y el director de KALANDRAKA, Xosé Ballesteros.


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